Repaso

“Cinema Paradiso” y la nostalgia

Con motivo del cierre de los cines Palafox en Madrid, uno de los clásicos de la capital, hemos tenido la suerte de asistir a un ciclo de despedida bastante interesante. Se han proyectado desde “Cantando Bajo la Lluvia” hasta “Blade Runner“, películas recurrentes en esto de la nostalgia cinéfila (y que seguro que  Phenomena Experience ha emitido en alguna ocasión).

Pero si hay una película cuya presencia tenía más sentido que cualquiera de las otras, esa era “Cinema Paradiso“, precisamente por la importancia en su argumento de un cine de pueblo.

De cuando la ví siendo adolescente recordaba la historia sobre un niño que se hace proyeccionista de cine, y poco más. Supongo que por la incapacidad para entender ciertos temas muy adultos, tratados en una película a la que el paso del tiempo, en mi experiencia como espectador, ha multiplicado en su valor hasta el infinito.

Madre mía, menudo peliculón“, fue mi sensación al volverla a ver tras tanto tiempo. O quizá sería más justo decir que la ví por primera vez. Recordaba el envoltorio, pero el contenido me parecía completamente nuevo.

Philippe Noiret, nuestro Alfredo, proyeccionista de cine y hombre sabio, recomienda a un crecido Totó cuando va a irse de su pueblo natal, “no mirar atrás, correr hacia adelante, no dejarse dominar por la nostalgia“.

Y sin embargo el final demuestra que Alfredo acabó renegando sus propias palabras.

Al acabar la película, una voz dijo a mi derecha “ya no se hacen películas como las de antes“, en el canto más apropiado a la nostalgia que me pueda imaginar después de ver “Cinema Paradiso”.

Y me revolví en mi asiento al oírlo.

Claro que se siguen haciendo películas como las de antes. Pero es que quizá ya no somos los mismos de antes.

La perspectiva es muy engañosa. Nuestras experiencias de infancia y juventud son las más intensas y las que nos marcan de por vida, pues llenan recipientes que nunca antes habían sido llenados: el primer día de colegio, el primer viaje sin padres, el primer amor, la primera película de Star Wars

El cine es una forma de comunicación que surge de un esfuerzo de muchos, siempre lo ha sido, a pesar de los cambios tecnológicos, de la profesionalización  y de los diferentes géneros que haya. Y siempre, siempre, creo que se acabará colando un momento que llenará el recipiente de alguien por primera vez.

La cuestión es mantener la esperanza de encontrar esas películas. Esperar que haya películas que te sigan llenando, igual que habrá experiencias que te sigan llegando.

Hace pocos años, “Primos” me impactó como pocas películas lo habían hecho desde “Casi Famosos” (y creo que nunca he escrito sobre ella, tarea pendiente).  Una película de una sensibilidad infinita, un optimismo admirable y realista ante la vida y, al menos para mí, un acierto al retratar las inquietudes sentimentales masculinas que no veía desde “Alta Fidelidad“. Daniel Sanchez-Arévalo había dado en el clavo.

Cierto es que ahora parece más difícil encontrar películas significativas, en medio de una cartelera llena de mega-producciones necesitadas de reventar taquillas el primer fin de semana.

Pero sólo lo parece.

Netflix, HBO, Amazon… el universo audiovisual está al alcance de la mano más fácilmente que nunca. Hay más variedad a un solo click. Pero tendemos a acomodarnos y quedarnos en la superficie.

Creo que, si buscamos, si investigamos más allá de lo que ofrece el primer vistazo de la cartelera, encontraremos películas “como las de antes“. O, al menos, que nos hagan sentir como las de antes.

Y, de vez en cuando, nos dejaremos llevar por la nostalgia y revisitaremos “Cinema Paradiso”.

Y “Primos”. por supuesto.

 

 

 

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