Momentazo Opinión Repaso

Esa puñetera escena de amor

En el año 2000  visité el cine más de una vez para ver una sola película. De hecho lo visité 6 veces. Pagando. Con dinero de estudiante que echa los fines de semana haciendo bocadillos por la noche. Lo cuento así para que seáis conscientes del esfuerzo que era eso, en perspectiva gastos/ingresos.

Hay un tío que había dirigido una obra maestra como “Sentido y Sensibilidad” (y si lo dudáis, vedla y luego volved a comentar), una película no lo suficientemente valorada y revisitada, un director chino recién llegado a Occidente dirigiendo a actorazos como Alan Rickman, Emma Thompson y Kate Winslet. Y Hugh Grant también estaba por allí. Y Hugh Laurie, nuestro futuro Doctor House.

Alan Rickman es el hombre

Pues ese mismo director, el señor Ang Lee, se marcó poco despues un peliculonazo como “Tigre y Dragón“, consiguiendo que hasta el soso de Chow Yun Fat molase un huevo.

No es sólo que tenga unas escenazas de acción  que se te va la olla, algunas brutales, otras poéticas y todas maravillosas. Es que además la banda sonora es hermosa por sí sola.

Aquí Michelle Yeoh y Zhang Ziyi repartiendo estopa, por si pensabas que en estas películas sólo se zurraban los hombres.

Y sobre todo, lo importante, y por lo que estamos aquí:

Esa puñetera escena de amor.

En una película con varias tramas, plagada de personajes enfrentados, que supone un pequeño vistazo a toda una serie de novelas que se continúan… la escena que brilla por luz propia es la más tranquila de las dos horas que dura. Es la que, exaltado, me hace gritar “¡Cine!”

Y es una escena tan sencilla como Michelle Yeoh y Chow Yon Fat sentados tomando una bebida.

Pero veamos los antecedentes: El mejor amigo de Chow Yun Fat estuvo casado con Michelle Yeoh, y murió. Chow Yun Fat está enamorado de Yeoh, pero nunca se lo ha expresado ni se lo expresará, por respeto a su amigo muerto.

Ang Lee te muestra la buena pareja que harían, la confianza, lo a gusto que están el uno con el otro. Y cómo ella sabe que él la ama, pero no se atreve a dar el primer paso.

Y llega la escena en la que toman el té (o lo que sea, juntos). Es el momento de decírselo. Por fin parece que llega el momento de la catarsis. Y se lo dicen sin decírselo. Y se quedan mirando al vacío.

Ang Lee construye a unos personajes y te hace querer que estén juntos. Al final tanta pelea y tanta intriga y tantos vaivenes para llegar a esta escena que es donde está el meollo de la película, o al menos de la película como la he experimentado yo.

Y el plano final, silencioso, con ellos dos callados, sentados juntos después de ese amago de sinceridad… eso es cine amigos, a eso debería aspirar cualquier cineasta, a poder expresar con los mínimos elementos, a que toda la experiencia ocurra en la mente del espectador. Tú le muestras dos personas una al lado de la otra, sin decir nada, y el espectador entiende que se aman y que están deseando decírselo.

Y Ang Lee te pone la miel en los labios pero luego te la quita.

Y luego la película sigue y él muere.

Zasca. Kaput.

Ang Lee eres un cabronazo.

 

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