Los coches que devoraron París (1974)

¿Cuánto hace que no te acercas a una película sin saber absolutamente nada de ella? ¿Cuánto tiempo llevas sin enfrentarte a una película sin haber visto imágenes antes? ¿Trailers? ¿Fotos? ¿Críticas en revistas? ¿Comentarios en podcasts?

Conseguí acercarme a “Los coches que devoraron París” (“The Cars that ate Paris”, 1974) sabiendo lo mínimo.  La única información significativa era que se trataba de una de las películas de la etapa australiana del director Peter Weir, y ha sido una experiencia de lo más curiosa. 

Peter Weir nos ha dejado unos cuantos peliculones para la historia. “El club de los poetas muertos” es el más destacado, seguido muy de cerca por “El show de Truman“. Sólo con estas dos películas ya quedaría claro que al director australiano le interesa reflexionar sobre los conflictos humanos y la vida en sociedad. Y también que se merece un rincón entre los directores gordos GORDOS de la historia del cine.

Pero es que el resto de su filmografía sigue siendo jugosa: “Matrimonio de Conveniencia”, “Master and Commander”, “Único Testigo”, “Gallipoli”…y otros logros más que se pueden comprobar en la wikipedia . Logros lo bastante significativos como para hacer algo de arqueología y buscar sus títulos casi olvidados de la década de los 70.

Hace un par de años vi  “La última ola” (1977), una cosa onírica con Richard Chamberlain de las de explotarte un poco la cabeza. Pero no la tengo fresca como para hablar de ella en detalle, así que vamos con “Los coches…”.

“La última ola” (1977)

Lo que ha resultado ser no sólo una obra de su primera etapa, sino su primera película, es una historia original del propio Peter Weir, basada en una experiencia que tuvo en un viaje en coche. Y “París” no hace referencia a la capital francesa, ojo, sino a un pueblo australiano ficticio. Fue curioso descubrir esto sobre la marcha.

Sin entrar en detalles sobre la historia, digamos que sorprende, aunque hoy en día puede resultar algo lenta. Las atmósferas creadas son realmente inquietantes, incómodas, con ese puntito malsano de los pueblos que a Lovecraft se le daba tan bien retratar en sus cuentos. Incluso hay una especie de Mad Doctor al que le gusta hacer sus experimentos. Ni siquiera se llega a indagar mucho en ese tema, lo poco que se nos muestra ya resulta bastante sórdido (los locos llegando al baile del pueblo es un momento bastante logrado).

Y es que,  jugando más a sugerir que a mostrar, Peter Weir no necesita más que un par de gestos del alcalde del pueblo, John Meillon, para sumergirnos en el agobio más absoluto. Actor fallecido en 1989, resulta una pena pensar lo que este señor podría habernos dado como secundario, más allá de salir en “Cocodrilo Dundee”.

John Meillon.

Comparte protagonismo con Meillon, Terry Camilleri, un actor que no me sonaba para nada, aunque revisando su imdb veo que ha sido una cara al fondo en bastantes películas, (y por ser el Napoleón de “Las aventuras de Bill y Ted”). Camilleri interpreta a un recién llegado a Paris, que será nuestros ojos a la hora de descubrir lo que está pasando en el pueblo.

Terry Camilleri

Viendo estas dos fotos, queda claro que no estamos ante un reparto de personajes carismáticos al estilo del Hollywood tradicional, aquí no hay un “guapo/majo” con el que identificarse. El alcalde es un tipejo retorcido y enfermizo, y el recién llegado es un pusilánime que provoca más lástima que otra cosa.

Alrededor de la relación entre estos dos personajes, transcurren una serie de conflictos y personajes que no resultan extraños a la filmografía de Peter Weir, por mucho que luego Hollywood se haya encargado de suavizar sus propuestas. Estamos ante el señor que hizo “Picnic en Hanging Rock”(cuyo remake debe estar a punto de estrenarse en Amazon Prime Video, si no se ha estrenado ya) y nos introdujo en el ambiente de los Amish en “Único Testigo”. Su interés por las atmósferas “diferentes” ya está presente en “Los coches que…”, aunque la ejecución resulte algo torpe.

Se trata de un film de bajo presupuesto, y se nota. Además, el “villano”, ese coche con puntas del cartel de la película, tampoco es una amenaza muy impresionante. Supongo que porque la verdadera amenaza, la que le interesa al director, es la del ser humano.

Película primeriza y con recursos bastante limitados, pero si te gusta Peter Weir, merece bastante la pena.

 

 

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