Roma

¿Te gustan los dramas? ¿Te gusta ver películas que tratan sobre gente sufriendo? A mí no. Tiendo a evitarlos. Comedia, acción, ciencia ficción, musicales… bienvenidos son. Películas en las que sabes que los protagonistas llegan al mundo para sufrir problemas realistas… bien lejos, gracias.

Así que, ¿por qué me iba a poner a ver “Roma“? ¿Una película de dos horas y cuarto, en blanco y negro, sobre la vida de una sirvienta en el México de los 70…?

Probablemente se deba a una conjunción de buen marketing, unos cuantos podcasts deshaciéndose en elogios y la posibilidad de verla en casa y no convivir con esa creciente falta de educación que detecto en los cines. Además, tras unas navidades de películas de presupuestos gordos y grandes aspiraciones comerciales, como que apetecía algo un poco más pequeño.

Al menos “más pequeño” en teoría, porque la cosa no deja de tener un ligero tufillo a producto perfectamente diseñado: película de director prestigioso, que tras arrasar en los Oscar con una película que me apostaría a que poca gente ha vuelto a ver (“Gravity” sin el 3D es un poco del montón, ¿no?, ¿alguien se acuerda de ella?) regresa a una producción de perfil bajo, abiertamente artística y en su lengua materna. Un producto completamente anticomercial, protegido bajo el paraguas de una plataforma de streaming (necesitada de productos prestigiosos para demostrar que no sólo produce “Stranger Things” y similares), pero que no deja de ser una película para todos los públicos y bien sencillita en su argumento.

En la “Dirigido Por” de este mes hay un extenso artículo sobre la película, con entrevista al director incluída, y que da ciertas pistas sobre el germen de la historia. Recomiendo leerlo después de ver “Roma”, para que la experiencia esté lo menos contaminada posible (y sobre todo porque te revientan los minutos finales).

Para mi sorpresa, este producto tan abiertamente ANTICOMERCIAL es una propuesta bastante blanda. Cierto es que hay ciertas desgracias personales, y algún momento duro, pero me da la sensación de que los momentos sórdidos de la historia están lo suficientemente dosificados para que no produzcan una incomodidad intolerable al espectador. Incluso el momento probablemente más triste de las andanzas de la protagonista, un plano secuencia que no detallaré para no dar pistas sobre la historia, está rodado de tal manera que uno no deja de ser consciente de que está viendo un esfuerzo artístico, un plano secuencia de gran complejidad, o cual te puede desconectar de la supuesta dureza de la historia. Realismo, sí, momentos históricos algo duros, sí, pero tampoco nos pasemos. (O quizá yo esperaba algo más duro, algo en plan Lars von Trier haciendo sufrir a Bjork en “Bailando en la Oscuridad“, no sé).

Alfonso Cuarón es un director impresionante, y lo demuestra en cada plano. Tras haberla visto una vez, estoy seguro de que volveré a verla. Hay tanto que aprender de cada plano, cómo encuadrar, iluminar y, sobre todo, coreografiar a un montón de personajes moviéndose en un mismo espacio, que un solo visionado no es suficiente. En la entrevista del “Dirigido por”, Cuarón dice que daba instrucciones a los actores, individualmente, que a veces eran contradictorias, para así crear caos en el rodaje. Y me lo creo, porque cada vez que filma a los críos jugando en casa nos da una lección de realismo que da hasta un poco de asquito de lo bien filmado que está.

Las dos horas y cuarto, a pesar de necesitar subtítulos para entenderse bien, sólo usar música diegética y no hacer grandes alardes expresivos, se pasan volando. Se podría decir que la película es, aparentemente, lenta, pero el zorro de Cuarón no deja de inundarnos con información nueva en todo momento, a veces de manera casi desapercibida. Ojo a los diálogos, cada frase tiene algo. Esta película no puede verse con el móvil en la mano y dándole al whassap.

Se nos llena la boca llamando “obra maestra” a cosas diferentes que aparecen en nuestro radar cultural, y a “Roma” se le está aplicando mucho el término. Sí creo que es una interesante película, y que merece mucho la pena verla, más allá de condicionantes externos a la propia obra, pero no creo que pase a la historia del cine. El año pasado ya nos la coló Guillermo del Toro con “La forma del agua“, y este año lo parece estar haciendo su amigo Alfonso Cuarón con “Roma”.

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