“Los Increíbles 2”

Decir que “Los Increíbles 2” era una película esperadísima suena a obviedad. Brad Bird , el director y guionista de la primera, dejó bien claro hace tiempo que habría secuela, pero que no tenia prisa por hacerla. Lo cual nos dejaba en el optimista territorio de “La hará cuando la idea mole, y si no, no“.

Partiendo de esto, y sumando el hecho de que sus otros trabajos como director han sido entre notables y sobresalientes: “Ratatouille”, “Misión Imposible: Protocolo Fantasma” y “Tomorrowland“, no cabía esperar menos que una excelente película del verano. (Y antes de todas éstas ya había parido “El gigante de hierro“, la que quizá sea su mejor obra. Hasta Spielberg la ha homenajeado en “Ready Player One“)

Hablar de técnica en Pixar resulta hasta un poco cansino. Las escenas de acción son espectaculares, la iluminación te deja sin habla, y la expresividad de los personajes sigue yendo más allá cada vez. Hay un salto técnico impresionante entre la primera parte y ésta, separadas por unas cuantas películas y 14 años de refinamiento tecnológico. Lo del ceño fruncido de Bob Parr, Mr Increíble, es para dedicarle una sola entrada en un blog de animación. Qué expresividad, madre mía.

Las escenas de acción son vertiginosas, impactantes, mucho más allá del hecho que estén hechas por ordenador. Creo que sólo Misión Imposible puede superarla este verano en ese sentido. La habilidad de Brad Bird para “mover” la cámara y meterte de lleno en la acción es de aplaudir. Lo de Elastigirl deteniendo un tren en marcha es como para desear que este señor dirija alguna película de Marvel ya mismo, y de Spiderman a poder ser.

Pero si pudiera parecer que son las escenas de acción el fuerte de una película dedicada a personajes con poderes, ojo a la cantidad de tiempo que el metraje dedica a conversaciones entre personajes. Brad Bird no se corta un pelo a la hora de meternos en una discusión de pareja el tiempo que nos haga falta, o en una charla con tintes femenistas entre la protagonista y una empresaria. Las opiniones son adultas, las reacciones lógicas y los diálogos muy jugosos. Mucho más, creo, que en la primera parte.

Esto no quiere decir que la película me haya parecido mejor que la primera, si es que son necesarias ese tipo de comparaciones entre una obra original y su secuela.

¿Mejor? ¿Peor?. ¿Qué sentido tiene comparar experimentar una obra original a la que nos enfrentamos por primera vez, sin ideas preconcebidas, con experimentar una continuación a la que ya vamos con todo un ejercicio previo hecho? No estoy seguro de que sea un ejercicio muy fructífero, y casi que me parece más valioso comparar secuelas de películas diferentes entre sí.

Por ejemplo, enfrentar “Monstruos University” a “Los Increíbles 2“, puesto que me parecieron experiencias muy similares con respecto a las originales: secuelas apabullantes a nivel técnico, dignas secuelas en las que los personajes siendo fieles a lo establecido en la primera parte, pero en las que el mensaje queda algo diluído a favor de hacer algo más entretenido y menos denso. Tanto “Monstruos University” como “Increíbles 2” creo que siguen unos patrones similares, que incluso comparten con “Buscando a Dory“. Son secuelas notables, en las que se juega con personajes cuyas historias ya se contaron en unas sobresalientes primeras películas, y cuya vida se intenta prolongar algo artificialmente.

Eso no quiere decir que no haya un gran talento detrás, que lo hay y se nota. Pixar lo hace bien. Lo hace sólido. Merece la pena pagar la entrada. Es sólo que las experiencias resultan menos impactantes.

Por una parte, la película parece un poco fruto de su tiempo, con todo el tema de la reivindicación feminista por medio. (Muy bien llevado, eso sí). Y por otro lado, los personajes sufren una pequeña involución: “Los Increíbles” acababa con la sensación de que los superhéroes habían sido aceptados de nuevo por la sociedad, que la familia Parr por fin había recuperado su equilibrio y que serían felices para siempre combatiendo el mal como una familia unida.  Sin embargo, “Los Increíbles 2” se ve forzada a recular un poco para tener algo más que contar sobre esta familia. (Y no voy a dar más detalles para no reventar nada).

Cuando salí de ver la primera parte, la escena en la que Dash corre sobre el agua, su primera vez usando sus poderes sin reprimirse, se me quedó en la cabeza grabada. Hasta que pude volver a verla la semana siguiente y confirmé que se había convertido en una de mis escenas favoritas de la historia del cine.

¿Te suena exagerado?. No lo creo.

Ojo a cuando Dash abre los ojos, (minuto 2:48 del vídeo que enlazo abajo), la música baja y sólo oímos sus pies chapoteando, luego la música vuelve a subir y él se ríe, y acelera. Ojo a ese momento, porque lo tiene todo: no sólo es una escena espectacular a nivel técnico, cómo juega con todos los elementos visuales y sonoros. Además es un punto de inflexión en el personaje, su eclosión como superhéroe. La risa de Dash es puro gozo, y le confiere una vitalidad que resulta difícil de imaginar en un personaje generado por ordenador. Es un momento espectacular que además está cargado de significado. Resultado : se te graba a fuego.

En la segunda parte he echado de menos algún momento así de memorable, por mucho que todo lo que tiene que ver con Jack Jack te hace troncharte de risa.  Los personajes no evolucionan tanto como en la primera, y tienen mayor peso las andanzas superheróicas. Se trata más de una sucesión de acciones espectaculares alternando con gags de la vida casera de personas con poderes. No estás tan metido en la psicología de los personajes,  no estás tan implicado con la situación de la familia Parr, por lo que resulta más fácil de olvidar lo que has visto a la salida del cine. Todo muy bonito, pero la película de referencia seguirá siendo la primera.

Aún así, lo que hace Brad Bird con esta secuela es increíble, claro.

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